Mientras el perro corría alegre, jugueteando por los verdes pastos, un lobo se aproximaba lentamente hacia él.

Cuando lo tuvo suficientemente cerca, gruñó y le dijo:
– hermano, ¿por qué odias la libertad?

El perro sin entender lo que decía su primo lejano, respondió:
-No la odio. Me gusta correr libre como el viento

El lobo, con aires de superioridad, le dijo:
-Claro que la odias. Vives encadenado a los humanos. Vas a donde ellos van, comes lo que ellos te dan, y por todos los cielos, siempre que te alejas de ellos surge en ti una necesidad enferma de regresar. ¿Por qué no te liberas de ese yugo y vuelves con tu manada?

El perro caviló un poco y dijo:
-¿Crees que debería volver con mi manada y dejarme de tonterías?

-¡Por supuesto! – exclamó el lobo entusiasmado

El perro sonrió y se dio la vuelta, trotando feliz hacia la cabaña de los humanos.

-¿Qué demonios estás haciendo? -vocifero el lobo

El perro miró hacia atrás una última vez y dijo: – La libertad esta en las decisiones, no en las palabras. Ven conmigo, te mostraré

Aunque lo consideró un par de segundos, el lobo decidió no seguir a su primo. No podía marcharse así como así. Las reglas de la manada eran muy estrictas y el no sería el primero en quebrantarlas.